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La rentabilidad real de un trato pertenece al trato

¿Fue rentable ese trato? Debería ser una pregunta, contestada en el trato. En la mayoría de las firmas es una hoja de cálculo que finanzas reconstruye dos meses después del cierre.

“¿Fue rentable ese trato?” debería ser una pregunta, con una respuesta, en el registro del trato.

En la mayoría de las firmas es una hoja de cálculo construida dos meses después de que termina el proyecto, por un líder de finanzas reconstruyendo costos que nunca fluyeron por facturación. El estimado inicial se usa como si fuera el resultado. Los reportes de ventas miden cumplimiento contra números que entrega no reconoce. La alfabetización de margen vive en la cabeza de la única persona que los reconcilia, y esa persona está siempre a una renuncia de distancia de que la firma no sepa lo que realmente gana su libro de negocio.

El problema de los dos números

Un trato carga un estimado. Un proyecto carga reales. Esos son dos números distintos guardados en dos sistemas distintos por dos equipos distintos con dos juegos distintos de incentivos.

El estimado es el compromiso del rep en el momento en que se vendió el trato. Está anclado a la propuesta, al SOW, al alcance asumido, a la tarifa de cobro fijada. No se mueve después de Closed Won, porque el trato está cerrado.

Los reales son lo que el equipo de entrega registra. Horas contra el proyecto. Sobrecostos cuando el alcance se expandió. Facturas de subcontratistas que el dueño del trato nunca vio. Descuentos aprobados a mitad del proyecto que nadie regresó al registro del trato. Costos que llegaron más altos que la tarifa de costo estimada porque el recurso asignado fue más senior de lo que el estimado asumió.

La hoja de cálculo que los reconcilia se reconstruye cada trimestre. La construye alguien cuyo trabajo real es cerrar los libros, no perseguir al dueño del trato por contexto. La reconciliación toma dos meses porque dos meses es lo que toma obtener respuestas a las preguntas que la hoja de cálculo genera. Para cuando la hoja de cálculo está lista, ya empezó la reconciliación del siguiente trimestre.

El costo que se acumula es el cultural. El rep no ve la verdad del trato que vendió. Ve el estimado, ve su comisión pagada contra el estimado, y se va a cerrar el siguiente. El siguiente trato carga la misma brecha entre estimado y reales. La firma corre sobre números que nadie del lado de entrega reconoce.

Por qué el estimado se sigue usando como si fuera el resultado

Porque los reales viven donde el dueño del trato no los puede ver.

La herramienta de proyecto tiene los registros de tiempo. El sistema de contabilidad tiene el monto facturado. La carpeta del subcontratista tiene el SOW con el reparto. El registro del trato tiene el estimado de hace seis meses. El dueño del trato tiene el calendario de un vendedor, que es decir no tiene una tarde para perseguir reales entre tres sistemas.

El líder del proyecto no tiene incentivo para reconciliar. Su medida es entrega a tiempo y en especificación, no reporte de margen a nivel trato. Reconciliar el estimado del dueño del trato contra los reales del proyecto es trabajo de alguien más, y alguien más no ha figurado cómo hacerlo sin una hoja de cálculo.

Así que el estimado es el número que se reporta, porque el estimado es el número que es fácil de encontrar. Los reales son el número que es verdad. Esos deberían ser el mismo número, y en la mayoría de las firmas son distintos por lo suficiente para importar.

Qué cambia cuando los dos viven en el mismo lugar

La forma de “¿es rentable este trato?” cambia cuando el registro del trato carga facturado, pagado, pendiente (con antigüedad), reconocido contra diferido, costo y margen, todo originado en el mismo motor que alimenta la vista del proyecto.

El rep ve lo que ve el líder del proyecto. El rep ve su cumplimiento contra la realidad, no contra el estimado. El dueño del trato ve la verdad del trato mientras el trato sigue en entrega, no dos meses después del cierre.

Para trabajo de entrega compartida, donde un proyecto sirve a varios tratos, la matemática tiene que ser honesta sobre el reparto. El costo de un proyecto compartido tiene que contarse exactamente una vez entre los tratos que lo comparten, prorrateado en proporción a la participación de cada trato en el valor del contrato. El margen a nivel trato y el total del portafolio tienen que reconciliarse por construcción, o uno de los dos está mal y la firma está de vuelta corriendo dos juegos de números.

El cambio cultural es la parte que más importa. La alfabetización de margen deja de ser “lo que finanzas descubrió en el cierre”. Se vuelve “lo que el rep puede ver mientras el trato sigue vivo”. Un dueño de trato que ve su margen resbalar en la semana seis hace algo distinto al dueño de trato que se entera dos meses después de que terminó la entrega.

Lo que PartnerView entrega

El registro del trato carga el cockpit financiero. Monto facturado, monto pagado, pendiente con antigüedad, ingreso reconocido contra diferido, costo a la fecha, margen a la fecha. Todo en el trato. Todo originado en el mismo motor que usa la vista de proyecto. Los números en el trato y los números en el proyecto coinciden por construcción, porque son los mismos números renderizados contra la misma fuente de verdad.

Para proyectos compartidos, el costo se prorratea entre los tratos que comparten el proyecto en proporción a la participación de cada trato en el valor del contrato. Un motor compartido maneja el reparto. El margen a nivel trato suma al total del portafolio sin una reconciliación aparte. La regla de justicia está codificada en código, no en la hoja de cálculo de un líder de finanzas.

La vista de portafolio es la extensión natural. Los mismos números, rankeados de peor a mejor, ordenables por varianza contra el estimado. El quinto peor proyecto es visible en el momento en que se vuelve el quinto peor proyecto, no tres trimestres después cuando la reconciliación alcanza.

La alfabetización de margen pertenece al trato. El dueño del trato es la persona correcta para verlo. El momento correcto para verlo es ahora, no después de que cierren los libros.

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